Hace muchos años Brasil convive con altos índices de letalidad provenientes de la acción policial. El índice de letalidad refleja la muerte de policías, de infractores de la ley y de víctimas inocentes de las llamadas “balas perdidas”.
Entre las causas de letalidad policial brasilera está la escasez de armas no-letales que permitan la aplicación gradual de la fuerza, de acuerdo con cada situación específica. En la mayoría de los incidentes policiales un simple spray de pimienta podría ser suficiente para imponer la ley y restablecer el orden público.
Mismo en situaciones graves, cuando bandidos fuertemente armados enfrentan a la policía, el uso de armas no-letales, como por ejemplo, granadas lacrimógenas, pueden contribuir para desalojar a los bandidos y facilitar la acción policial, De esa forma, las armas no-letales dan soporte al uso del arma de fuego y se evitan los disparos que frecuentemente alcanzan a la población inocente.
Brasil acumula en su historia reciente algunas tragedias que podrían haber sido evitadas si estuviese bien consolidada una doctrina sobre el uso de armas no-letales tanto en las policías como en las Fuerzas Armadas.
El caso de Eldorado de Carajás puede ser mencionado como un ejemplo de situación en que las armas no-letales podrían haber evitado una tragedia. Granadas lacrimógenas, sprays de pimienta, municiones de impacto controlado o granadas de efecto moral, habrían permitido controlar la acción agresiva de los manifestantes sin causar muerte o lesiones permanentes.
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